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Uveítis

La uveítis consiste en una inflamación en el interior del ojo que afecta a una o más de las tres partes de la úvea: el iris (que es responsable del color del ojo), el cuerpo ciliar (detrás del iris, donde se produce el humor acuoso) y la coroides (por detrás de la retina). Es responsable del 10-15 % de los casos de ceguera en países desarrollados y se puede presentar en cualquier edad. Es más frecuente en pacientes jóvenes o de mediana edad. La úvea es muy sensible ante procesos infecciosos e inflamatorios, porque es el tejido con más vasos sanguíneos del organismo.

Hay diversos factores que pueden causar la uveítis:

– Origen idiopático, es decir, no se conoce la causa.

– Origen infeccioso: entre los agentes infecciosos, destacan los virus (como el herpes), las bacterias (como la tuberculosis o la sífilis) o los parásitos (como la toxoplasmosis, considerada la causa infecciosa más frecuente).  Sin embargo, la causa más comuna de uveítis es la coriorretinis infecciosa. Este proceso deriva en una lenta y progresiva destrucción de la retina que, si afecta a la mácula (parte central de la retina), puede provocar una pérdida importante de visión de tipo irreversible.

– Origen no infeccioso: puede ser inmunológico y traumático. Los factores de origen inmunológico pueden afectar únicamente el ojo o bien estar relacionados con enfermedades sistémicas, como las enfermedades óseas o reumáticas de origen inflamatorio y no degenerativo, que afectan principalmente a los jóvenes, y enfermedades autoinmunes causadas por virus, gérmenes o factores ambientales, como la sarcoidosis o el síndrome de Behçet, una patología de origen desconocido que provoca llagas y alteraciones cutáneas.

La uveítis es poco habitual durante los primeros diez años de vida y la frecuencia baja a partir de los 60 años. La mayoría de los afectados tienen entre 20 y 25 años.

Síntomas

Los síntomas de la uveítis son diferentes según la zona de la úvea afectada.

– Si se trata de la parte anterior, podemos notar más sensibilidad a la luz (fotofobia), enrojecimiento de los ojos, visión borrosa o dolor ocular.

– Si la zona afectada es la parte posterior, es probable que no notemos dolor, pero sí una pérdida de visión.

La uveítis no se puede diagnosticar hasta que no aparezcan signos externos, pero tan pronto como aparezcan los primeros síntomas es importante acudir inmediatamente al oftalmólogo.

Tratamiento

Hay diversos tratamientos según la tipología y la localización de la uveítis:

– La uveítis anterior se trata con colirios antiinflamatorios.

– La uveítis posterior no infecciosa se combate con cortisona, administrada por vía oral o mediante infiltraciones alrededor del ojo.

– La uveítis asociada a un proceso crónico puede requerir el uso de fármacos inmunomoduladores.

– La intervención quirúrgica puede ser eficaz para resolver complicaciones asociadas, como las cataratas o el glaucoma (que afectan el segmento anterior), el desprendimiento de retina, la opacidad vítrea o el edema macular (que afecta el fondo del ojo).

Prevención

La uveítis es una de las patologías oculares más comúnmente relacionadas con otras enfermedades del cuerpo humano. Habitualmente es necesaria la colaboración de un médico internista y/o de un reumatólogo que complemente el estudio y el tratamiento de la enfermedad causante de la uveítis. Se debe tener en cuenta que un 35 % de los pacientes no llega a encontrar nunca la causa u origen exacto de la inflamación. El tratamiento de estas patologías o infecciones puede ayudar a prevenirla.